[Depfis] la muerte de un gran artista...
paz en df.uba.ar
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Jue Dic 23 15:52:54 ART 2010
Hace unos días se murió Alberto Segado, un actor notable al que su
profesión acercó a nuestra Facultad en mas de una ocasión. Fue Galileo
Galilei cuando la obra de Brecht se puso en el Teatro San Martin. En
ese mismo teatro, que era su lugar de trabajo preferido, Alberto fue
Heisenberg en la maravillosa obra Copenhague. En esa ocasión visitó la
Facultad cuando Copenhague visitó la Facultad en 2002. Estaba enfermo
desde hace tiempo y en algunas ocasiones me atreví a pedir la
solidaridad de los miembros de la Facultad para ayudar a Alberto.
Agradezco a quienes se acercaron para ayudarlo donando sangre. En
fin, Alberto se murió y me dieron ganas de mandar estas lineas como
despedida para alguien que nos emocionó y nos ayudó a pensar. Les
mando una nota que publicó José Eduardo Feynman en la que también
rinde su homenaje a Alberto Segado. Saludos,
Juan Pablo Paz
%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%
Para vos, Alberto
Por José Pablo Feinmann
Me llama un día y dice: ?Al fin sé que estoy en la justa. Que tengo razón.
Que no estoy equivocado. Escuchá, Daniel Hadad, hoy, por Radio 10, dijo que
soy un hijo de puta. Estoy en la gloria?. Que Alberto Segado fue un actor
eminente lo sabemos todos. También que debieron darle más de lo que tuvo.
Cierta vez, hablando con un empresario de la calle Corrientes (mal bicho,
hoy muerto), le dije: ?Para ese papel el ideal es Alberto Segado?. Se puso
rojo de furia: ?¿Qué me estás vendiendo? ¿Un actor del San Martín??. Ese
que era su point d?honneur le jugaba en contra. La estética de la calle
Corrientes abominaba de un actor del San Martín. Se quedó en el San Martín.
Ahí tuvo su refugio y su lugar de culto. Alberto era el San Martín. Era
parte inseparable de ese teatro y de sus mejores espectáculos. En 2002
hace Copenhague, dirigido por Carlos Gandolfo, y entabla un duelo
actoral deslumbrante con Juan Carlos Gené. ¡Qué fiesta, qué privilegio
fue ver eso! Omitiré decir que un gran artista devenido candidato a
presidente de la República se dormía en la fila 2 de la derecha, algo
que suele ser desalentador para los actores, que siempre detectan esas
cosas, pero diré que Segado y Gené dieron ?ante todo? una clase de
dicción. Así se habla en un escenario. Vi varias veces la pieza ?todas
las que me fue posible? porque la gestualidad de Alberto me seducía.
Movía los brazos y las manos y hasta los dedos de un modo envolvente,
como un oleaje incesante y expresivo. Confieso algo: estudié a propósito
esa gestualidad. Algo de ella utilizo en mis clases, conferencias o en
los programas de filosofía que hago por televisión. Así como Alberto
acompañaba sus palabras con los brazos para subrayar palabras, conceptos
en una obra en que interpretaba a un científico, pensé que eso sería
espléndido aplicarlo a la docencia. Un docente tiene algo de actor.
Tiene, en lo posible, que acompañar lo que enseña con los tonos de
su voz y su gestualidad.
Detallar su carrera sería interminable. En 1969 ya estaba en el
Instituto Di Tella. Mi compañera, la Bertotto, encuentra un día
una foto ajada de sus propios años en el Di Tella y componiendo
a un soldado hay un muchachito flaco, con mucho pelo y cara de
futuro. Lo llama a Alberto y le deja en el contestador: ?¿Ese
sos vos??. Salimos, volvemos y encontramos la respuesta al mensaje:
?Sí, María Julia, ése soy yo... Bueno, qué te puedo decir. Los años
pasan?. La ironía, la jocosa resignación ante el destino de todos
nosotros sobre este puto mundo, con que dijo ?los años pasan? nos
hizo reír tan largamente que todavía ?creo? nos seguimos riendo.
Porque acabo de entrar en el dormitorio y la escenógrafa y
diseñadora de vestuario que tantas veces trabajó con Alberto
está mirando una peli con Cate Blanchet. ?Rápido ?le digo?.
Estoy haciendo una nota sobre Alberto.? Hace un esfuerzo para
salir de la trama y de la seguramente notable interpretación de
la Blanchet y me dice: ?Era tan inteligente que cuando le echaba
una primera mirada a la escenografía ya no había que explicarle
ni un detalle. Te entendía al instante. Te decía: ?Esto lo hiciste
para esto y para esto. Y vos querés que yo suba esta escalera y
diga ese texto desde arriba y después baje y me siente en ese
sillón y ahí me viene la luz del Chango Monti y completo el
texto y hacemos el apagón?. Era rápido, era brillante. Para
mí, fue uno de los más grandes actores que tuvimos?. Sabíamos,
por nuestro querido y común amigo Sergio Renán, que no andaba
bien. Con Sergio hizo su último trabajo: Un enemigo del pueblo,
de Ibsen. Con Brandoni. El era el malo. Hacía muy bien sus
villanos. El más recordado será el de Plata dulce. Es una
película subversiva que se estrena en 1982, apenas después
de Malvinas, con producción de Aries y dirección de Fernando
Ayala, pero, sobre todo, con un guión ejemplar, perfecto, de
Oscar Viale y Jorge Goldemberg. Segado hace el villanísimo de
la financiera que funde la fábrica de botiquines de Luppi y luego
le arruina la vida. Vean esa película. Estudien ese guión. Nadie
nace genio. Ni que se pase tres años en una Escuela de Cine (¿escribe
guiones Jorge Goldemberg todavía?).
¿Quieren reírse un poco? Sé una de las anécdotas más hilarantes
de Alberto. Roger Corman, asociado con Aries, acepta hacer una
nueva versión de Ultimos días de la víctima. Corman es venerado
por sus películas de terror, pero ?como puntualizó con todas las
letras Peter Bogdanovich? es un avaro compulsivo. Envía a Don
Stroud (un actor que en Bloddy Mama prometía algo pero nunca más)
y a una actriz norteamericana de origen brasileño que era un minón
descojonante, por decirlo así. Corman, desde Los Angeles, pide sexo,
sexo, sexo. Resignadamente, hay que filmar una escena entre Alberto
y la carioca yanki. Equipo reducido, sólo Olivera que dirigía, el
cameraman, el de la luz y punto. En la cama, Alberto y la leona de
pelo negro, grandes tetas y algunas condiciones de actriz. Se hace
la escena. Días después viene Alejandro Se-ssa ?coproductor? y me
invita a ver los ?campeones? (que es el material que se va
filmando día a día, los yankis les dice daylies). Me siento
en el microcine y lo veo a Alberto tratando de hacer algo con
ese artefacto descomunal. ?¡Carajo! ?me digo?, pobre Alberto.?
Pero no. Se las va arreglando. De pronto se oye la voz de
Olivera: ?¡Ponele el culo mirando a cámara!? Olivera es un
tipo con un gran sentido del humor y Alberto no carecía de
esa condición. De modo que las risas echaron a perder el
erotismo de la escena. Días después lo encontré cenando en
Pichuco. (¿Se acuerdan de Pichuco? Eran los años ochenta y
todos los actores y los escritores andaban por ahí.) ?¡Alberto!
?le digo?, vi una de tus más memorables actuaciones. Te
felicito.? Mejor no digo a dónde me mandó.
Era un actor de izquierda, sin vueltas. Siempre que podía publicaba
en Página/12. Y sí: aquí tenía que ser. Me propinaba halagos: ?Siempre
que me pongo a escribir una nota releo antes una tuya. Después, me
inspiro y le meto para adelante?. Pero más lo halagaba yo. Tenía
una envidiable lucidez política. De aquí que ?sin duda a raíz de
una de sus notas en Página? Hadad, por medio de esa radio que
durante estos días ha vuelto a exhibir su xenofobia, su racismo,
le dijera hijo de puta.
Se nos fue. La cosa es así. A cada rato se nos están yendo amigos.
En Network, un William Holden ya estragado por el alcohol, el pánico
escénico y la soledad, le dice a Faye Dunaway: ?Estoy en una edad
en que mis amigos se mueren o escriben sus memorias?. Así estamos
muchos. Pero no con todos se sufre igual. Esa resignación que los
amigos sienten cuando la enfermedad ya hiere demasiado y entonces
dicen: ?Mejor si se va. Así deja de sufrir? es sólo eso:
resignación. Mejor si se va las pelotas. Mejor si se queda.
Mejor si no lo hubiera agarrado la Huesuda. Mejor si volvía
al San Martín. Mejor si volvía a hacer Galileo Galilei, Volpone,
El pato salvaje de Ibsen. O El Campo, de la eximia Griselda
Gambaro, en el Cervantes. O Los siameses, también de Griselda,
donde estaba sublime, por falta de una palabra mejor. Mejor si
se quedaba un rato más. Pero no. Cuando te toca, te toca. A
veces le dijeron: ?¿Y cómo querés ser famoso si no hacés
televisión?? ¿Alberto en la TVvómito? Haciendo qué. Mirá,
Alberto, a ninguno de los que andan por ahí haciendo chatarra
lo van llorar los notables y hasta grandes artistas que hoy
te lloran a vos. Te quisimos tanto, y tantos te quisieron,
que ya está, no escribo más. No me quedan palabras ni creo
que las haya. Albertito, querido amigo, no sé si fuiste
feliz, pero no te faltaron motivos para serlo: viviste
de lo que amabas, fuiste uno de los más grandes y te llora
mucha de la buena gente que todavía queda en este país.
Esos que saben que despedir a un grande con amor es hacerse
mejor persona. Como vos, que lo fuiste siempre.
Dr Juan Pablo Paz
Profesor Titular UBA, Investigador Principal CONICET
Departamento de Fisica & Instituto de Fisica de Buenos Aires
FCEyN UBA, Pabellon 1, Ciudad Universitaria
1428 Buenos Aires, Argentina
Email: paz en df.uba.ar
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