[Todos] Invitación a Actividad sobre Zapatismo
Colectivo desde el Pie
elcolectivo en agrupaciones.fcen.uba.ar
Lun Dic 5 08:56:42 ART 2016
Compañeras, compañeros, compañeroas,
Las, los y loas invitamos este miércoles a las 19hs en Esquina Rebelde
(Sanchez de Bustamante 599) a un encuentro, una compartición, acerca de la
actualidad del zapatismo, un movimiento que a casi 23 años del alzamiento,
sigue reinventándose y proponiendo.
Nos acompañaran Cassio Brancaleone y Juan Wahren, para socializar su
mirada, su palabra sobre el tema. Aprovecharemos para presentar el libro
“El Pensamiento Crítico y la hidra Capitalista”, uno de los frutos de un
encuentro del año pasado y que incluye parte de los últimos pensamientos
que nos llegan desde las montañas surorientales de Mexico.
Las/os/oas esperamos!!
Colectivo desde el pie
Pd:Y ya que estamos, aprovechamos para reproducir una pequeña historia de
un comunicado reciente...
UNA CASA, OTROS MUNDOS.
Más que historia, podría ser leyenda. Es decir, no hay manera de confirmar
la veracidad de lo que aquí se narra. En parte porque no se precisan ni
calendarios ni geografías, es decir, pudo haber sido o no en cualquier
lugar y en un tiempo indefinido; y también porque el supuesto
no-protagonista de esta narración está muerto, finado, fallecido, difunto.
Si estuviera vivo, bastaría preguntarle si dijo lo que aquí se dice que
dijo. Cierto, es muy probable que, tenaz en su andarse por las ramas, se
extendería él en la descripción de ese calendario impreciso.
Así que no tenemos la fecha precisa, les quedamos a deber el calendario y
sólo diremos que hará ya más de dos décadas aproximadamente. ¿La
geografía? Las montañas del sureste mexicano.
Nos lo contó el Comandante Tacho, aquella madrugada en que, dentro de una
champa, se describía la casa del sistema, la casa del capital, la
tormenta, el arca. La champa donde nació lo que después sería el
semillero. Creemos que dieron un receso para café…. o suspendieron la
reunión para continuar al día siguiente… A decir verdad, no lo recordamos
bien. El asunto es que nos quedamos platicando con el Tacho y es él quien
nos contó lo que ahora aquí les detallamos. Claro, cierto, hay un poco de
trampa porque agregamos, arreglamos y acomodamos las palabras originales
de Tacho. No por mal querencia, desprecio o ganas de remendar los
recuerdos rotos, sino porque ambos, quienes ahora le escribimos a usted,
conocíamos más del finado y podemos reconstruir así sus palabras y
sentires. Va pues:
Habla el comandante Tacho:
“No muy me acuerdo cuándo, pero fue cuando el difunto Sup no estaba
todavía difunto. Estaba el Sup como de por sí, desvelándose y fumando su
pipa. Sí, mordisqueada la pipa, como de por sí. Estábamos dentro de la
champa de la tal vez comandancia, aunque todavía no era champa. O sea que
todavía no estaba terminada. O sea que no era comandancia todavía. Tal vez
iba a ser, pero no todavía. Estábamos contando chistosadas. Sí, cosas que
pasan en los pueblos, en las reuniones, en los trabajos de la lucha. El
Sup de por sí sólo escuchaba, en veces se reía, en veces preguntaba para
saber más. Antes de conocerlo yo no entendía. Ya más después comprendí que
esas historias aparecían luego en los comunicados como cuentos.
“Posdatas”, les decía él, creo. Yo una vez le pregunté por qué ponía como
cuento lo que de por sí había pasado. Y él me dijo “es que no lo creen,
piensan que invento o que imagino, entonces lo pongo como cuento porque no
están preparados para conocer la realidad”.
Bueno, pero entonces ahí estábamos. Entonces él le preguntó al Sup…
Sí, Tacho ha usado el tercer pronombre del singular: “él”. Para aclarar le
preguntamos si con “él” se refería al Sup. Nos respondió molesto: “no, él
lo preguntó al Sup”. No quisimos insistir porque supusimos, tal vez
erróneamente, que ahí no estaba lo importante de la historia, o que era
sólo una pieza de un rompecabezas aún por armar. Así que el Comandante
Tacho usó la palabra “él”. No “ella”, ni “yo”, ni “nosotros”. Dijo “él”
para referirse a quien interrogaba al Sup.
“Oí Sup ¿y por qué, cada que se hace una casa, preguntas si se hace por
usos y costumbres o por el método científico?”
Aquí Tacho se sintió en la necesidad de aclarar:
“Cada que hacíamos una champa, el finado SupMarcos llegaba y quedaba
mirando las vigas y travesaños. Y siempre preguntaba: “Ese travesaño que
estás poniendo ahí, ¿lo pones porque lo necesita la casa?” Entonces yo le
respondía: “Sí, porque si no se pone, pues el techo se cae luego”. “Ah
bueno”, decía el Sup,“pero ¿cómo lo sabes que, si no lo pones, se cae el
techo?”. Yo me le quedaba viendo porque ya sabía que ahí no estaba el
asunto. No era la primera vez que preguntaba. Entonces él seguía “Sí, ¿lo
pones porque lo sabes científicamente que si no lo pones se cae, o lo
pones por usos y costumbres?”. Yo le decía: “por usos y costumbres, o sea
que así me enseñaron. Así hacía las casas mi papá y él aprendió con mi
abuelo y así hasta muy lejos”. El Sup no quedaba contento, y siempre
terminaba por subirse a la viga central, cuando no tenía todavía macizos
los refuerzos, y, balanceándose como si montara un caballo, preguntaba
“entonces si yo me subo aquí, ¿se va a caer la viga?” Y zas, tiro por
viaje que se caía. Sólo decía “¡Ay!” y ahí en el suelo sacaba su pipa, la
prendía y así tendido miraba al techo, con la cabeza recostada en la viga
rota en el suelo. Sí, claro que nos reíamos todos.
Entonces es por eso que él le preguntó al Sup que por qué siempre
preguntaba si usos y costumbres o método científico. Porque no una vez que
pasó así. Siempre que se mudaba la comandancia y me tocaba dirigir la
construcción de la nueva champa, así pasaba. Llegaba el Sup, preguntaba,
le respondía, no quedaba conforme, se subía a la viga, se rompía, y al
suelo.
(nota: comentando entre nosotros, concluimos que el calendario aproximado
de lo que relata Tacho es en los primeros meses de 1995, cuando la
persecución gubernamental contra nosotros, que es cuando la comandancia se
mudaba continuamente, acompañando al pueblo de Guadalupe Tepeyac en el
exilio. Fin de la nota y sigue hablando Tacho):
Entonces es para que entiendan por qué él le preguntó eso al Sup. Otras
veces le había yo preguntado, pero no respondía cabal. No porque no
quisiera, sino porque siempre lo llamaban en el radio en ese momento, o
alguien más llegaba. Entonces yo también quería saber la respuesta.
El Sup lo quitó la pipa de la boca y la puso a un lado. Estábamos sentados
en el suelo, como quien dice. Hacía mucho calor, como de por sí siempre
que se va a venir una lluvia fuerte. Yo entendí que va a dilatar la
respuesta. Porque cuando respondía rápido, el Sup ni siquiera se quitaba
la pipa. O sea que hablaba como que muerde las palabras y salen como
masticadas y aboyadas.
Entonces el Sup dijo… bueno, más bien me preguntó:
“Oí Tacho, ¿cuánto mide esta champa?”
“3 por 4”, le respondí rápido porque de por sí no es primera vez que hacía.
“¿Y si fuera de 6 por 8, ¿llevaría más travesaños de refuerzo?”, me preguntó.
“De por sí”, le respondí.
“¿Y si fuera de 12 por 16?”
No respondí rápido, así que el Sup se siguió:
“¿Y si fuera de 24 por 32? ¿Y si 48 por 64? ¿Y si 96 por 128?”
Ahí sí, les digo la mera verdad, pues me reí.
“Está muy grande esa casa, no sé”, le dije.
“Correcto”, dijo él, “se hacen las casas según la experiencia propia o
heredada. Usos y costumbres, pues. Cuando se tiene que hacer una casa más
grande, pues se pregunta o se prueba”
Pero, digamos que nunca se ha hecho una casa de 192 por 256…
Me reí justo antes de que el Sup completara:
“… kilómetros”
“Errr, ¿y quién quiere una casa tan grande?”, le dije entre risas.
Él encendió la pipa y luego dijo: “Bueno, más fácil ¿y si la casa fuera
del tamaño del mundo?”
“No, pos está cabrón. Creo que no se puede imaginar una casa así de tan
grande, ni para qué”, le dije ya más serio.
Se puede. Las artes pueden imaginar esa casa, y ponerla en palabras, en
sonidos, en imágenes, en figuras. Las artes imaginan lo que parece
imposible y, al imaginarlo, siembran la duda, la curiosidad, la sorpresa,
la admiración, o sea, lo hacen posible.
“Ah, bueno”, le dije, “pero una cosa es imaginar y otra hacer. Creo no se
puede hacer una casa así de tan grande”.
“Se puede”, dijo él y dejó a un lado la pipa rota.
Porque las ciencias saben cómo. Aunque nunca se haya hecho una casa del
tamaño del mundo, las ciencias pueden decir, con certeza, cómo sería una
construcción así. No sé cómo se llama, pero creo tiene que ver con
resistencia de materiales, geometría, matemáticas, física, geografía,
biología, química y no sé cuántas madres. Pero, aunque no se tenga la
experiencia de antes, o sea, sin usos y costumbres, la ciencia sí puede
decir cuántas vigas, refuerzos y travesaños se necesitan para hacer una
casa del tamaño del mundo. Con el conocimiento científico se puede decir
qué tan profundos los cimientos, qué tan altas y largas las paredes, qué
ángulo debe tener el techo si es a dos aguas, para dónde tienen que estar
las ventanas, según si frío o calor, dónde las puertas y cuántas, de qué
material se debe hacer cada parte, y cuántas vigas y refuerzos debe tener
y en dónde.
¿Estaba ya pensando el finado en la transgresión de la ley de gravedad y
todas las líneas rectas que se encadenaban a ella? ¿Imaginaba o conocía ya
la subversión del quinto postulado de Euclides? No, Tacho no se lo
preguntó. Y, a decir verdad, nosotros dos tampoco se lo hubiéramos
preguntado. Parece difícil que, en esos días sin mañana, con las aeronaves
artilladas agitando cielo y tierra, hubiera tiempo para pensar en el arte,
mucho menos en la ciencia.
Habían quedado todos en silencio, recuerda Tacho. Nosotros también.
Después de un momento de silencio y tabaco, siguió:
El Sup volvió a tomar su pipa y vio con pena que el tabaco se había
terminado. Buscó en sus bolsillos. Se sonrío y sacó una bolsita de
plástico con un poco de hebras negras. Tardó en encender la pipa, creo
porque el tabaco estaba húmedo. Después siguió:
Pero no me preocupa si las artes pueden imaginar esa casa, los colores que
la vestirían, sus formas, sus sonidos, dónde el día, dónde la noche, dónde
la lluvia, dónde el viento, dónde la tierra.
Tampoco me preocupa si la ciencia puede resolver cómo se puede hacer
realidad. De por sí puede. Tiene los conocimientos… o los va a tener.
Lo que me preocupa es que esa casa, que es un mundo, no vaya a ser igual
que éste. Que la casa sea mejor, más grande todavía. Que sea tan grande
que en ella quepan no uno, sino muchos mundos, todos, los que ya hay, los
que todavía van a nacer.
Claro, habrá que encontrarse con quienes hacen artes y ciencias. No va a
ser fácil. En principio no van a querer, no por malquerencia, sino por
desconfianza. Porque tenemos mucho en contra. Porque somos lo que somos.
Quienes son artistas creen que vamos a obligar su quehacer en tema, forma
y tiempo; que en su horizonte artístico sólo deberá haber machos y hembras
(nunca otroas), del poderoso proletariado exhibiendo músculos y miradas
luminosas en imágenes, sonidos, danzas y figuras; que ni siquiera insinúen
la existencia de lo otro; que si cumplen, cantos y alabanzas, que si no
cumplen, el encierro físico o el repudio. O sea que les vamos a ordenar
que no imaginen.
Quienes hacen ciencias creen que les vamos a pedir que diseñen armas
mecánicas, electrónicas, químicas, biológicas, interestelares, de
destrucción masiva o individual; que los vamos a obligar a formar colegios
para superdotados mentales donde, por supuesto, estarán los descendientes
de los mandos con un ingreso asegurado aún antes de ser concebidos; que se
reconocerá la filiación política y no la capacidad científica; que si
cumplen, alabanzas y cantos; que si no cumplen, el repudio o el encierro
físico. O sea que les vamos a ordenar que no hagan ciencia.
Y, además, como somos pueblos originarios, un en s y otr en s piensan que lo que
hacen ell en s es arte y cultura, y lo que hacemos nosotros es artesanía y
ritual, que lo que en ell en s es análisis y conocimiento, en nosotros es
creencia y superstición. Ignoran que nosotros pintamos colores que,
cientos de años después, aún desafían los calendarios, que cuando en la
“civilización” todavía creían que la tierra era el centro y ombligo del
universo, nosotros ya habíamos descubierto astros y números. Creen que
amamos la ignorancia, que nuestro pensamiento es simple y conformista, que
preferimos creer en lugar de conocer. Que nosotros no queremos el avance,
sino el retroceso.
O sea que, como quien dice, ni se miran ni nos miran.
El problema entonces va a ser convencerlos de que se miren como nosotros
los miramos. Que se den cuenta de que, para nosotros, son lo que son y
algo más: una esperanza.
Y las esperanzas, amigos y enemigos, no se compran, no se venden, no se
obligan, no se encierran, no se matan.
Se quedó callado. Yo quedé esperando para ver si él le preguntaba algo más
al Sup, pero como no dijo nada, entonces yo le pregunté: “¿Y entonces qué
nos toca hacer a nosotros?” El Sup suspiró nomás y dijo:
A nosotros nos toca primero saber que esa casa es posible y necesaria. Y
luego, pues bueno, lo más fácil: nos toca construirla. Y para eso
necesitamos el saber, el sentir, la imaginación, necesitamos las ciencias
y las artes. Necesitamos otros corazones.
Ya llegará el día en que nos encontremos con quienes hacen las artes y las
ciencias. Ese día les daremos un abrazo y, como bienvenida, les
recibiremos con una sola pregunta: “¿Y tú qué?”
Entonces yo como quién dice que no me quedé conforme y entonces lo
pregunté al Sup: “y después de que nos encontremos con esa gente, ¿qué
vamos a hacer? El Sup se sonrío y dijo:
Etcétera.
------------ próxima parte ------------
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